La magia de las Marismas

Vamos a hablar de las marismas de Huelva, de ese lugar en el corazón de Doñana que mueve a miles de personas cada año, buscando algo que no sabemos que es. Quizás por desconocimiento, no nos paramos a intentar entender este sitio.

Yo puedo deciros, que he estado en la aldea, he entrado en la basilica y no he sentido nada especial, pero la historia nos dice cosas, que no podemos olvidar.

Todos sabemos que la ciudad-estado de los Tartessos -800 años a.c.- se localizaba en las Marismas del Guadalquivir.

Los Tartessos basaban sus creencias religiosas en la madre Naturaleza y las celebraciones de agradecimiento por las cosechas conseguidas y la fertilidad de la tierra y los seres vivos.

A través de las relaciones comerciales de los tartessos con los fenicios, las creencias religiosas mesopotámicas, cuya principal deidad era Ishtar, fueron introducidas al fundar la colonia de Gades (1100 a.c.), lo que actualmente sería Cádiz.

Imagen

Los arqueólogos están de acuerdo con que en esta ciudad, se erigió uno de los más importantes templos a la diosa Astarté, asimilación de Ishtar, tomando el nombre de Ashtart (Astarot), su culto se extendió por todo el territorio tartésico, siendo más fuerte en las marismas de Huelva donde las festividades eran impresionantes por grandeza y afluencia en primavera.

Astarté (Isthar) representaba el culto a la madre tierra, el amor y la fertilidad, la era progenitora de todos los seres vivos, la que fertilizaba a los animales y las personas, convirtiéndose en la diosa del cielo.

Hasta finales de la Antigüedad la paloma blanca (o blanca paloma) fue el símbolo tanto de la Astarté asiática, traída a por los fenicios al pueblo tartesso.

Hay que destacar unos rasgos generales de todas las diosas de la tierra desde el principio al fín de las religiones paganas van acompañadas de los mismos simbolos: la serpiente, símbolo de los abismos de piel mudable, la resurrección…

Astarté proviene directamente de la Luz; su nombre deriva de Aster, “estrella de la mañana” entre los fenicios. Entre los sumerios era conocida como Innana, versión de la diosa asiro-babilónica Ishtar “Diosa de la mañana y del atardecer”, a la vez que Diosa del amor y de la sexualidad. Astarté, deriva también del latín estella, estrella.

Aunque se la considera virgen, en la mitología aparece asociada a Tammuz, dios de la cosecha, cuya muerte llora. Ishtar se conduce como una madre tierna con los que ama.

Es una Diosa de carácter astral, ya que personifica vario astros: a Venus, al Sol, y sobre todo a la Luna y a las estrellas reunidas en constelaciones. De ahí deriva la palabra estelar: todo el firmamento lleno de estrellas, proveniente de su nombre Ishtar, que en las fronteras de Babilonia se la representa mediante una estrella de ocho puntas.

Astarté, como Ishtar, era la Diosa de la Luna y del planeta Venus, el lucero de la mañana, era llamada por los profetas judíos “Reina de los Cielos” (Meleket-has-Samaïm), “esposa del Sol”, o el “Rey de los Cielos” (Baal-Samaïm), es decir, la verdadera soberana del mundo, la Diosa-Naturaleza, máxima hacedora de la vida que, en compañía del Sol, hace crecer la vida.

En el Mediterráneo se erigieron templos en honor de Astarté y en ellos se representa a la Diosa de diversas formas: en Cerdeña la encontramos con la forma de una mujer, con la cabeza cubierta a la usanza egipcia, con una túnica larga, sosteniendo con las dos manos el disco lunar o estrella/lucero predilecto como símbolo de su reinado.

Se sabe que en El Carambolo de Sevilla también hubo un templo para su advocación, y que se considera el más importante de la península. Allí se hacían peregrinaciones y cultos, desde la epoca tartesica, y así lo demuestran los restos arqueólogicos encontrados en Doñana. Actualmente, sigue siendo lugar de peregrinación, pues sobre su templo se erigió la capilla de la Virgen Rociana, actualmente conocida como la basilica de la Virgen del Rocío, donde la fuerza de Astarté no desaparece, sino que se alimenta constantemente.

Imagen

Cuando Cartago destruye a los Tartessos, la población huye hacia los campos y esconde sus pertenencias, joyas e ídolos en cuevas y huecos de árboles. No sería el descubrimiento marismeño la primera vez de apariciones de imágenes escondidas en troncos de árboles, pues la leyenda dice que un señor encontró a la Virgen del Rocío dentro de un árbol…

Curioso es, además, que las figuras y joyas de los tartessos eran de plata. Muchos direis, ¿y qué Ari? pues ahí va el qué: pues resulta que simbología de la plata es la del metal femenino, que siempre se usó para las decoraciones de las figuras de la diosas y luego para las vírgenes, porque es el color de la palidez lunar.

Que la figura de la virgen del rocío esté adornada con estrellas es lógico por cuanto reina en la noche, y tiene entre sus manos la estrella más importante o lucero de la mañana.

A sus pies, la conversión de la serpiente, traducida en la media luna también se asocia, al Cuarto menguante, rematado por las estrellas y que sólo es posible ver al alba, que es el tiempo de aparición de Venus o lucero del Alba que da paso al Sol.

La magia de las marismas está presente aún, en el culto a la Virgen del Rocío que es en realidad, Astarté, Isthar, Innana.

Un pensamiento en “La magia de las Marismas

  1. Vicente

    Gracias llevo 2 2 años yendo al rocio y no sabia xk bendiciones a la diosa. No todos somos femeninos
    Hecate es mas grande los mismos años adorando

    Responder

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *