Mucho, poco o nada

Hoy estaba pensando en todas esas cosas que hacemos cuando no vivimos sentados en el ordenador, o con el teléfono en el bolsillo. Esas horas que dedicamos a leer, vaya usted a saber qué libros, a meditar, a sentarnos frente a nuestros altares, a orar, o a hacer rituales y ejercicios.

Mucho. Poco. Nada.

Porque, hoy precisamente, he pasado la mayor parte de mi día lejos de las tecnologías, atendiendo otras cosas. Esas que no salen en fotos de redes sociales, porque no se puede fotografiar el momento de conexión con las Deidades, porque no se puede tomar nota de un pensamiento en una meditación profunda, porque no hay un lugar ni un espacio, cuando el olor del incienso, o de esas velas especiales, llena todo el espacio mientras tú estás fuera, lejos, en un mundo que obviamente no es este.

Mucho. Poco. Nada.

Y es que a veces me pregunto cuánta gente vive de cara a la galería, haciendo alarde de grandes trabajos internos cuando realmente no los hacen, porque sería mucho más fácil no tener una vida espiritual.

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