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Mi paso por Segundo Grado, Rvd. Tiné Estrella de la Tarde

Mucho tiempo ha pasado ya desde que inocentemente inicié mis estudios de Primer Grado en el Templo de Hécate de la Tradición Nativista Correlliana en Sevilla. Lady Ayra Alseret me abrió las puertas de su casa de par en par y me recibió sin ningún problema o impedimento. Ahora, cuando echo una mirada atrás y veo todo el tiempo que ha pasado, todo lo que ha sucedido y todo lo que han cambiado las cosas, a veces me pregunto si no estaré dentro de algún sueño. Desde aquí, desde el presente, puede ser típico decir esto cuando uno llega al final de un camino pero es la verdad: No me creo aún que haya llegado hasta aquí.

 El Segundo Grado es algo que veía muy lejano, sinceramente. Estaba en mis metas lograrlo, pero tampoco tenía prisa alguna (y si no que se lo digan a mi mentora). Esta etapa de mi camino ha sido especial y en realidad, no creo que pudiese definirla con una palabra en concreto. Más que palabras me vienen sensaciones al cuerpo. Ha sido un Segundo Grado que entre otras cosas, te aporta mucha más responsabilidad. Progresivamente se te va preparando para ir adquiriendo más responsabilidad y otorgarte las herramientas necesarias para salir al mundo de ahí fuera.

También ha sido un proceso de reconectar conmigo mismo. Un proceso mediante el cual, salir fortalecido y lograr valorarme un poco más. Y no lo digo por tener un título ni por tener un parche más en mi estola. Lo digo porque ha sido un Segundo Grado lleno de retos. Y afortunadamente cuando uno supera los retos se ve más fuerte y más seguro de uno mismo. Algo que tenía, tengo y tendré que seguir trabajado. Pero sí que es verdad que en este sentido el Segundo Grado, por medio de pruebas y retos ha logrado que gane más confianza en mí mismo y eso me parece una de las mayores ganancias que he podido tener a lo largo de todo este ciclo, de verdad.

Por otra parte, apenas a unos días de mi iniciación formal como Sacerdote de Segundo Grado, han aparecido sombras, he recibido mensajes claros que resumen parte de mi experiencia en este Segundo Grado, de mi vida y no solo eso, sino que también han aparecido retos para el Tercer Grado y tiempos futuros. Esto es algo que me ha sorprendido realmente… Cuestiones que creía superadas, de la noche a la mañana han reseguido como un kraken de las profundidades. De la noche a la mañana, alguien me dijo: “Asómate a mi caldero y júzgate a ti mismo”. Una frase que puede parecer simple pero que me ha trastocado todo mi ser interno. Del mismo modo han aparecido mensajes de aliados que no me esperaba y que como ya he dicho unas líneas atrás, me plantean nuevos retos y eso que ni si quiera he empezado el nuevo camino…

El Segundo Grado desde mi experiencia es totalmente revelador. Te forja un poco más como Sacerdote pero sobre todo como persona en los últimos momentos cercanos a la iniciación, que no es más ni menos que una muerte que lleva enacer como un ser diferente. Desde luego, yo concentro el grueso de mis experiencias y enseñanzas más bonitas de este Segundo Grado en la segunda mitad del recorrido.

Por último no podría no mencionar a mi mentora y amiga Lady Ayra Alseret, pues este Segundo Grado no hubiese el mismo sin su guía, sin su ayuda y sin su forma de estructurar y llevar a cabo las cosas. Gracias a ella he vivido este Segundo grado como un viaje práctico, un viaje de trabajo de campo, donde la teoría está bien, pero ahora toca poner a prueba eso que sabemos teóricamente. Del mismo modo, no ha habido ninguna lección que me haya dejado indiferente, pero ya no solo por los contenidos oficiales de la Tradición, sino por la forma en la que ella configuraba cada reto y cada prueba. Por eso, Lady Ayra es parte de mi Segundo Grado, y sin ella, no hubiese sido el mismo, lo tengo claro.

Con esto, os invito a todos a atreveros a seguir las andanzas en este camino del Sacerdocio que no acaba en el Primer Grado. Ni en el Segundo, ni en el Tercero. Un camino mutable, lleno de luces, de sombras, de retos, de recompensas, un camino donde te encuentras contigo mismo, con tus debilidades, con tus puntos fuertes, con el Dios y con la Diosa.

Ishtar/Astarté y Baal. Gran diosa, pareja divina

Astarté/Anat es con Ashera la diosa más importante de la tradición israelita y una de las figuras más significativas de la mitología semita, que ha tenido un gran influjo en la religiosidad de todo el oriente (está vinculada con Ishtar/Attargatis e incluso en Afrodita). En algunos momentos, Astarté puede identificarse con Ashera y así aparece relacionada con Baal, en la ordalía del Carmelo (donde se habla de profetas de Baal y Ashera: cf. 1 Rey 1. Pero, en principio, Ashera y Astarté son diferentes.

Ashera es la Gran Madre y su pareja es Ilu/Elohim/Allah (el Dios primigenio y engendrador).

Astarté es, en cambio, la “Diosa activa” (fundadora del orden social) y por eso suele estar asociada con Baal, como indicaré en tres momentos. (a) Entorno semita, Ishtar, la gran diosa semita. (b) Trasfondo palestino, Anat. (c) Presencia bíblica: Astarté.

Ishtar/Anat es una diosa del Adviento para judíos y c ristrianos. Ella no es signo total de Dios, pero nos indica un camino que podemos seguir…, un camino de integración cósmica y de sábiduría (imagen inferior), un amino de comporomiso y de lucha a favor de la vida (que es Balo), tal como aparece en la imagen superior. La llegada del Dios bíblico está precedida por la imagen de la diosa que vence a los poderes del caos y que ofrece la saiduría superior a sus devotos.

1. Entorno semita: Isthar[1].

Es la diosa central del panteón de Mesopotamia, la expresión más alta de la divinidad en el oriente antiguo, uno de los símbolos femeninos más importantes de la historia de las religiones. Ella aparece en varios pueblos del antiguo oriente, en diversas formas, especialmente en Babilonia donde se distingue como signo de armonía femenina en la que todos (hombres y mujeres) pueden integrarse. De esa forma actúa a modo de contrapeso de Marduk, Señor violento y guerrero, que tiende a dominar sobre dioses y hombres, imponiendo su supremacía por la guerra.

Ishtar (Ashtarté) es femenina, pero tiende a presentarse como diosa total y así aparece con funciones y poderes más extensos que los vinculados a los dioses masculinos. Ella conserva todavía rasgos de gran madre y recuerda, al mismo tiempo, el lado acogedor y creativo de la vida. Es signo de luz, pero también la vemos vinculada a los rasgos más oscuros de la noche.

(1) Es Venus, lucero matutino, amor como principio de la vida, la fuerza creadora que penetra y lo produce todo.

(2) Es Marte, estrella vespertina que se esconde en las regiones inferiores, como principio de muerte que amenaza, para convertirse nuevamente, cada día, en amor que vuelve.

Ella es, en fin, el signo del orden de la tierra, apareciendo como garantía de un amor que lo vincula y lo sostiene todo[2]. Así aparece vinculada al cielo y al infierno, al nacimiento y a la destrucción, a la maternidad y al crecimiento de los seres, como indica su himno:

Alabada sea Ishtar, la más temible de las diosas.
Reverénciese a la reina de las mujeres…
henchida de vitalidad, encanto y voluptuosidad…
De labios es dulce, hay vida en su boca…
Es gloriosa; hay velos echados sobre su cabeza.
Su cuerpo es bello, sus ojos brillantes.
Es la diosa: ¡en ella hay consejo!
El hado de todo tiene ella en su mano.
A su mirada se crea la alegría.
Es poder, magnificencia, deidad protectora y espíritu guardián…
Fuertes, exaltados, espléndidos son sus decretos.
Se la busca entre los dioses: extraordinaria es su categoría.
Respetada es su palabra: es suprema ente los dioses.
Ishtar entre los dioses: extraordinaria es su categoría…

(Sabiduría A. Oriente, Barcelona 1967. 274-274)

Es la diosa total, que simboliza, sostiene y desvela los tres aspectos fundamentales de vida-amor, orden social y muerte, que aparecen así como expresiones de un mismo principio divino, como formas de un mismo fondo original sagrado. Frente a la lógica masculina de tipo más racionalista o unilateral (que actúa por exclusión y violencia) se eleva aquí la lógica de la totalidad femenina. El Dios patriarcalista de tipo masculino tiende a imponerse por medio de exclusiones, como Marduk, que mata a su madre (Tiamat) para reinar en su lugar, pero de forma impositiva. En contra de eso,Isthar vincula los diversos aspectos de la vida; no actúa por exclusiones e imposiciones, sino por inclusiones; en su divinidad pueden vincularse todos.

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2. Diosa cananea: Astarté/Anat y Ba’lu/Baal)[3].

Que nosotros sepamos, la religión cananea no ha desarrollado la figura de Ishtar como en Babilonia, pero en su lugar aparece Anat/Astarté, que cumple una función importante, al lado de Baal, hijo de Ilul y Ashera, un Dios poderoso que ha vencido al caos del abismo (representado por el mar) y que garantiza desde su palacio superior la estabilidad y la vida en el mundo.

Baal tiene el poder del cielo y la tormenta, es fuente de fecundidad y vida, Señor del universo. Pero su dominio se encuentra amenazado por Môtu, la muerte (pues su dominio no le sitúa fuera del espacio de la vida, sino dentro de ella); por eso, para superar la muerte y retornar de nuevo a la existencia necesita la ayuda de su pareja Anat/Astarté (su hermana/amante).

Ba’lu/Baal (¡el Señor!) es un dios paradójico: parece tener un poder aparatoso sobre el cielo y así lo muestra a través del rayo y la tormenta, fecundando la tierra; pero, al mismo tiempo, muere cada año, cayendo bajo dominio de Môtu, en los espacios inferiores de la misma tierra (como signo del ciclo de vegetación anual). Es un dios cambiante, vencedor y vencido, destructor y destruido. Por sí sólo no puede mantenerse, pero le sostiene su hermana/amante, ‘Anatu, que así aparece como principio de poder y de estabilidad sagrada.

Mientras el Dios varón varía (muere y resucita, domina y es dominado), la Diosa se mantiene firme y permanece como signo de estabilidad por encima de los cambios de la vida y de la muerte. Ambos son dioses de la realidad concreta en la que varón y mujer se unen para expandir la vida, asumiendo y superando así la muerte, en un proceso dramático, reflejado por el mito religioso.

Pero vengamos al mito. Ba’lu ha vencido al Mar, ha destruido a Lôtanu (Leviatán), la serpiente tortuosa del caos primigenio (cf. Sal 74, 14; 94, 26; Is 27, 1; Ez 29, 3-5; Job 41), pero no puede superar a Môtu, la muerte (cf. KTU 1.5.I,24-30) y así dice, cuando cae derrotado:

«Mensaje de Ba’lu, el victorioso, palabra del héroe poderoso: ¡Salve, oh divino Môtu, siervo tuyo soy para siempre!» (KTU 1.5.II, 10-11).

Ba’lu, señor de las nubes, dueño del agua, se convierte de esa forma en siervo (‘bd) de Môtu, bajando a la morada inferior de la tierra (1.5.V, 15). Pero él no ha muerto del todo porque antes de bajar al fondo de la tierra ha dejado en ella su semen de vida:

Ba’lu, el Victorioso, amó a una Novilla en la Tierra de la enfermedad, a una vaca en los campos de la Orilla de la mortandad. Yació con ella setenta y siete veces, la montó ochenta y ocho; y ella concibió y parió a un muchacho» (1.5.V, 17-21).

Éste es Ba’lu, el Dios Toro (recordemos la escena israelita del Becerro de Oro en Ex 32), que, antes de bajar al abismo, fecunda a la novilla sagrada (‘Anatu, su hermana/amante), signo de la tierra que acoge la vida de su esposo. De esa forma, a través de un ciclo de generación, se vinculan vida y muerte, en un proceso en el que la misma divinidad se encuentra inmersa en el ciclo cósmico.

Lógicamente, la muerte de Ba’lu se convierte en principio de una intensa liturgia de duelo: «¡Ha perecido Ba’lu! ¡Qué será del pueblo? ¡Está muerto el hijo de Daganu (=de Ilu)! ¿Qué será de la multitud? ¡En pos de Ba’lu hemos de bajar a la tierra!» (1.6.I, 6-. Una liturgia de ese tipo aparece en muchas religiones, que hacen al hombre capaz de vincularse al llanto de los dioses. Pues bien, en el centro de esa liturgia de muerte, que se convertirá en principio de vida, destaca la acción ‘Anatu, que se encarga de los ritos funerarios:

«(Le tomó en sus hombros), le subió a las cumbres del Safón, le lloró y le sepultó, le puso en las cavernas de los dioses de la tierra» (1.6.I,15-1. Ha muerto Ba’lu y nadie puede ocupar su trono ni reinar en su lugar. Está triste la tierra, postrados los dioses. Sólo ‘Anatu, la Doncella, se mantiene vigilante, después de haberle enterrado en la cueva de la montaña. «Un día y más días pasaron, y ‘Anatu, la Doncella, le buscó. Como el corazón de la vaca por su ternero, como el de la oveja por su cordero, así batía el corazón de ‘Anatu por Ba’lu. Agarró a Môtu por el borde del vestido, por el extremo del manto: alzó su voz y exclamó: ¡Venga, Môtu, dame a mi hermano!» (1,6.II, 4-11).

‘Anatu, tierra amante, mantiene la memoria de Ba’lu, luchando contra Motu «Un día y más pasaron, los días se hicieron meses; ‘Anatu la Doncella, le buscó…. Agarró al divino Môtu, con el cuchillo le partió; con el bieldo le bieldó, en el fuego le quemó, con piedras de molienda le trituró, en el campo lo diseminó» (1.6.II, 26-34). Ésta es una clara escena de siega y de trilla. La Virgen ‘Anatu, divina trilladora, corta y aventa, quema y tritura al mismo Môtu, que ahora aparece como la otra cara de Ba’lu, de tal forma que ambos vienen a mostrarse como signo de una misma alternancia de muerte y de vida, de invierno y verano, de nacimiento y muerte.

En este contexto, Ba’lu es signo divino de vida, pero sólo si está unido con ella, su amante/hermana ‘Anatu. Muere el varón, que es signo del agua y del trigo (es la cosecha), perece el triunfador del rayo. Sólo ella está firme y le busca de nuevo, venciendo a la muerte y trayendo a la vida a su hermano/amante. Desde ese fondo se entiende el final del gran drama, que el texto presenta como “sueño” del Dios Ilu, como anuncio de resurrección: «¡Pero está vivo Ba’lu, el Victorioso, está en su ser el Príncipe, Señor de la tierra! Los cielos lluevan aceite, los torrentes fluyan miel! Yo lo sé: está vivo Ba’lu, el Victorioso, está en su ser el Príncipe, Señor de la tierra» (1.6.III, 2-.

Ha estado seca la gleba, resecos los surcos del sembrado, abandonado el campo, turbado el mar (cf 1.6. IV-V), pero ahora que ‘Anatu ha vencido a Môtu, puede alzarse Ba’lu victorioso, conforme a la visión de Ilu. Junto a la primera pareja de dioses (Ilu/Ashera), que tenía una función básicamente engendradora, viene a desvelarse así esta nueva pareja (Ba’lu y ‘Anatu), una pareja de luchay amor que define el sentido actual del mundo[4].

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3. Astarté, una diosa en el entorno de la Biblia.

Como he indicado ya, la figura de Baal ha crecido en importancia a lo largo de los tiempos, de tal forma que en los siglos IX-VIII a. C. vino a presentarse como antagonista principal del Dios Yahvé para los hebreos, mientras El-Ilu casi desaparece de la Biblia, absorbido por Yahvé-Elohim. Pues bien, en el contexto bíblico, al lado de Ba’lu no suele encontrarse ya Astarté (Ashtartu-Anatu), como en los textos de Ugarit, sino la misma Ashera, que asume ahora los rasgos y funciones de Astarté, apareciendo así como la gran diosa femenina abarcadora. Pero Astarté no desaparece del todo, como vemos no sólo por la pervivencia del nombre en diversos toponímicos (cf. Gen 14, 15; Dt 1, 4; Jos 9, 10; 12, 4; 13, 12), sino por la forma en que la Biblia critica su culto. Ciertamente, ella es menos popular, pero tiene también su importancia en la Biblia, donde la encontramos con el nombre de Astarot o Astoret.

a. Astarté aparece en el libro de los Jueces, como causante de la caída e idolatría de los israelitas, que «dejaron a Yahvé, y adoraron a Baal y a Astarot» (Jc 2, 13). «Pero los hijos de Israel volvieron a hacer lo malo ante los ojos de Yahvé y sirvieron a los Baales y a Astarot, a los dioses de Siria, a los dioses de Sidón, a los dioses de Moab, a los dioses de los hijos de Amón y a los dioses de los filisteos. Abandonaron a Yahvé y no lo sirvieron» (Jc 10, 6). En el primer pasaje Baal y Astarté forman una pareja, como en los textos de Ugarit. Pero en el segundo Astarté aparece como figura independiente, vinculada a los dioses de los países del entorno.

b. Está relacionada a la memoria de Samuel y su reforma religiosa: «Habló entonces Samuel a toda la casa de Israel, diciendo: Si de todo vuestro corazón os volvéis a Yahvé, quitad de entre vosotros los dioses ajenos y a Astarot, dedicad vuestro corazón a Yahvé y servidle solo a él, y él os librará de manos de los filisteos. Entonces los hijos de Israel quitaron a los baales y a Astarot, y sirvieron solo a Yahvé » (1 Sam 7, 3-4). Este pasaje, lo mismo que el correspondiente de 1 Sam 12, 10, habla de los baales en general (como poderes divinos de tipo masculino), mientras presenta a Astarté como diosa única. Es evidente que ella ha tenido su importancia en Israel. En ese mismo contexto de lucha contra el baalismo y el culto de Astarté se sitúa la noticia de que los filisteos, tras vencer al rey Saúl (apoyado por Samuel), «pusieron sus armas en el templo de Astarot y colgaron su cuerpo en el muro de Bet-sheán», en la franja filistea de Palestina (1 Sam 12, 10); es evidente que ellos consideran a Astarté como la vencedora.

c. Es diosa de los sidonios. En esa línea, y a pesar de los textos que la vinculan a Baal, figura venerada por los israelitas, Astarté aparece en la Biblia más relacionada con los cultos extranjeros y especialmente con la ciudad fenicia de Sidón: «Cuando Salomón era ya viejo, sus mujeres le inclinaron el corazón tras dioses ajenos… y siguió a Astoret, diosa de los sidonios, y a Molok, ídolo abominable de los amonitas… y a Qamós, dios de Moab…» (cf. 1. Rey 11, 5; 5, 33). Lo mismo se dice al evocar la reforma de Josías, que profanó y destruyó los lugares de Salomón había construido en un colina, frente a Jerusalén, en honor de Astoret, «ídolo abominable de los sidonios» y de Molok y Qamós (cf. 2 Rey 3, 11).

Tenemos que decir de Astarté (Ishtar, Anat, Afrodita…) lo mismo que hemos dicho de Ashera: Ella es la figura femenina de Dios y está vinculada a la fertilidad y a la vida, al amor (fraterno/esponsal) y a la victoria sobre la muerte. Significativamente es Baal el que resucita (como lo hará Jesús), pero lo hace de algún modo por impulso de ella. Ella, mujer victoriosa, es el signo de la vida que vence a la muerte, pero sigue integrada en el círculo eterno de la naturaleza, donde todo se repite sin fin, sin que exista algo nuevo, más alto, una verdadera trascendencia, un futuro de salvación, un auténtico “adviento”. Por eso, al final de su camino, tanto el judaísmo como el cristianismo has descubierto y han dicho que Ishtar/Astarté no eran garantía ni signo final de salvación.

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Notas al pie:

[1] Himno a Ishtar en J. B. Pritchard (ed.), Sabiduría del Antiguo Oriente, Garriga, Barcelona 1966 (=SAO). Textos en F. Lara. Mitos sumerios y acadios, Nacional, Madrid 1984. Interpretación antropológica en L. Cencillo, Mito. Semántica y realidad, BAC, Madrid 1970. Cf. E. O. James, The Cult of the Mother Goddess, Barnes and Noble, New York 1959; Ch. Downing, The Goddess. Mythological images of the feminine, Crossroad, New York 1981; R. Eisler, El Cáliz y la Espada, Cuatro Vientos, Santiago 1995; M. E. Harding, I misteri della Donna, Astrolabio, Roma 1973; E. Neumann, La grande Madre, Astrolabio, Roma 1981.

[2] Ishtar es la forma babilonia de una Gran Diosa que aparece en casi todo el Cercano Oriente antiguo, especialmente en el ámbito semita. Ella es Ashtarté para los cananeos, Atargatis en los sirios, Athtar para los árabes, Ashtar para los moabitas y Artemisa de los griegos, pero su figura se ha vinculado sobre todo (en los primeros tiempos de la era cristiana) con los signos de Isis, diosa egipcia del amor, de la muerte y de la vida.

[3] Citas de los textos de Ugarit siguiendo la edición M. Dietrich (ed.), Die keilalphabetische Texte aus Ugarit. I. Transcription, Kevelaer, Neukirchen-Vluyn 1976 (=KTU). Traducción G. del Olmo, Mitos y leyendas de Canaán según la tradición de Ugarit. Textos, versión y estudio, Cristiandad, Madrid 1981. Cf. Th. H. Gaster, Thespis. Ritual, myth and drama in the Ancient Near East, Harper, New York 1961.

[4] ‘Anatu corresponde a Ishtar de Babilonia y a la ‘Astartu (Astarté) de los textos de Ugarit (y está vinculada con Afrodita de Grecia). Ella, ‘Anatu, inicia y dirige el movimiento de la vida, que conduce a la recuperación/resurrección anual de Ba’lu en las riberas de Samaku (probablemente el lago Hule, en el alto Jordán). La victoria Ba’lu depende de ella: «Entonces alzó sus ojos Ba’lu, el Victorioso, alzó sus ojos y vio a la Virgen ‘Anatu, la más graciosa entre las hermanas de Ba’lu. Ante ella se apresuró a ponerse, a sus pies se prosternó y cayó» (1, 10, II, 13-16)… La continuación del texto conservado presenta ciertas dificultades de traducción, pero es claro que ‘Anatu y Ba’lu aparecen representados de manera teriomorfa, como amantes animales. Él es toro, ella novilla; juntos representan el principio germinante de la vida, el orden de amor del universo. Ellos muestran que en el fondo de la vida cósmica late y se expresa una gran fuerza de amor. Ba’lu es el poder del rayo/tormenta; ‘Anatu es la fuerza de la tierra. Los dos se necesitan, fuertemente se aman, en tensión que da sentido (que mantiene) todo lo que existe. Son amor cósmico y siguen iluminando todavía la vida de los hombres. Pero, según la Biblia israelita, les falta identidad personal y trascendencia; no tienen existencia propia, ni pueden fundar la vida de los hombres sobre bases de justicia.

Fuente: http://blogs.21rs.es/pikaza/2009/12/05/ishtarastarte-y-baal-gran-diosa-pareja-divina/

Dioses de España

Entre los griegos había la creencia que el mítico HÉRCULES había tenido dos hijos llamados CELTUS e IBER, de quienes descendían los íberos y los celtas. Esto es un modo muy peculiar de expresar que:

1- Los celtas e íberos poblaron España. Tras guerras cruentas y largas llegaron a una convivencia pacífica.
2- Para los clásicos HERAKLES era el Dios y Señor de España

No le debe resultar extraño al lector afirmación tal. Ya Hegel explicaba que, así como existía un Espíritu o Idea que anima e impulsa a los seres humanos, existe una Idea Alma que promueve el devenir histórico de las naciones. El lo llamó “Volkgheist” (literalmente “espíritu del pueblo”). Sin duda, el Alma de España fue conceptuada como “Aquello” que podemos asimilar tanto a Hércules como al Dios de la Guerra, Marte. También fue relacionada con el Dios de la Muerte, DIS o Plutón, por hallarse en el extremo occidental del mundo, Occidente, donde muere el Sol.

Ulpiano señala una ley de Octavio Augusto en que nombra Guardianes y Protectores divinos en siete provincias de su Imperio, y da a Hércules el gobierno de España.

Se dice que el culto de Hércules fue introducido por los fenicios en España. Este Hércules era el nombre romano del Dios Saturno o BAAL-MELKART, regente del tiempo y las pruebas.

Pero los mismos historiadores griegos y romanos hablan de una antigüedad para los íberos bastante mayor de la que ahora establecemos. Y es que hay problemas con la denominación de “iberos”:

Para algunos clásicos, los más, es un nombre genérico de los moradores de IBERIA, la tierra occidental; y los identifican con las colonias que los primitivos atlantes establecieron en la Península.
También con los tartésicos o turdetanos, y asimismo con los combatientes que finalmente se amalgamaron con la corriente celta, procedente del Norte. A estos añadiremos a los Ibero- Egipcios, los que debieron proceder de una provincia egipcia en el periodo de las Primeras Dinastías, época protohistórica que queda reflejado en los clásicos que se refieren a OSIRIS como Rey de España.

Lo que es claro es que para los clásicos los íberos fueron los más antiguos pobladores de Iberia y dieron nombre a la Iberia asiática, una de sus colonias, en el Cáucaso. Que la Magna Iberia se extendía del Ródano a la desembocadura del Garona y las Columnas de Hércules. Que los Iberos pasaron al norte de Africa y la colonizaron, aun antes de la llegada de los fenicios. Afirman que incluso conquistaron Italia y llegaron hasta Sicilia, donde sus descendienes tomaron el nombre de sículos. El historiador griego Eforo llega a afirmar- exagerando un poco, quizás- que fueron los primeros pobladores de Sicilia. Y que esta misma raíz ibérica es la que dio origen a oscos, etruscos y ausonios, que estuvieron presentes, incluso, en la Fundación de Roma. Según estos mismos autores clásicos, los ligures, que encontramos asentados en Italia desde la protohistoria y a los que se atribuye la construcción de dólmenes, menhires y cromlechs, son de Iberia. La prueba es que el Carbono 14 da la mayor antigüedad, precisamente a los dólmenes y menhires de España y Portugal, 5.000 a C.

Poco sabemos de los Dioses a que rendían culto los íberos: breves referencias de los clásicos comparándola con sus propios panteones, e inscripciones en caracteres latinos. Dioses como Melkart, el Herakles fenicio, o Tanit, Venus guerrera, son pervivencias de cultos que se prolongarían hasta la época romana. Los cultos egipcios, extendidos por toda la Península, encontraron gran auge en época romana; especialmente el de Isis. Los hallamos incluso en la etapa ibero-fenicia y quizás sean muy anteriores. Dioses celtas como Cernunno, el Sol- Ciervo o el culto a las bifaces o dioses Hacha son comunes en toda la Celtiberia, pero no parecen originales íberos. Lo mismo se puede decir de la omnipresente svástica.

De las inscripciones y citas de los clásicos nos encontramos con:

ARUS: Asociado a Marte. Representado en un ara de Lusitania por un guerrero a pie con lanza y jabalí.

ADA-EGINA, ATTACINA, ATAECINA: Diosa de la Noche y de la “Luna que mata”. Porta una rama de ciprés y aparece rodeada de cabras. Diosa infernal es, como la Proserpina griega, señora de la Muerte.

ENDOVELICO: Entre los Lusitanos. Dios de la Medicina. Cura a sus pacientes a través de sueños y oráculos en los templos- sanatorios donde se le rinde culto. Su nombre ha sido traducido como el NEGRO-NEGRO, dado su carácter infernal o como el MUY- BUENO. Se le representa por el jabalí, la paloma y la corona de laurel. También con una rama de pino y flanqueda por genios alados, uno de ellos con antorcha ANDERA: La diosa Hera, la Señora o Regente de la Tierra.

ILUMBERRI: Traducido en vasco como “la luna nueva” o el “espino nuevo”.

ASTOILUM: La luna llena.

COSO: Marte o Hércules, el que otorga la victoria.

NETON: Que celebraban los íberos pronunciando grandes juramentos. Dice Estrabón que aparece como un Marte con rayos. El mismo nombre significa “lo que no tiene partes”, “lo que es puro, perfecto”, “lo que no se corrompe”. En celta, “neto” significa: “guerrero”.

CORONUS: Que Amador de los Ríos relaciona con Cronos y Jose María Blazquez con el Señor de los ejércitos, de la raíz indoeuropea korios- Guerra, ejército.

BODO: dios de la victoria, como el Budhi indoeuropeo: luz, victoria.

IBERO- Dios acuático, consagrado al río Ebro.

BRIGO: Dios-Fortaleza o dios Montaña.

KANDAMIO: Una forma de Zeus, quizás del indoeuropeo kand- brillar, resplandecer, arder.

NOCTILUCA: Diosa de la Luna o de la Luz Nocturna. Quizás la Divinidad Innominada a la que los celtíberos rendían culto en las noches de luna llena, con danzas que se prolongaban hasta el amanecer.

VULCANO: Con nombre desconocido, dios de la forja de los metales, tan abundantes en España. Atestiguado por Cicerón en su “De natura deorum”.

Dioses Ibéricos

Achelóo: El Dios-Toro, símbolo de la virilidad y la fertilidad masculina.

Adaegina: Diosa de los infiernos “superiores”: se encuentran en lo más profundo de los bosques.

Anxo: Deidad asociada a los vaqueros de altos pastos; la costumbre de dejar las sobras de la cena para alimento del dios a cambio de salud o fertilidad para el ganado, puede ser el origen de la leyenda infantil del “ratoncito Pérez”.

Arconi: Demonio de los bosques que, en forma de un enorme oso, atacaba a los cazadores.

Baelisto: Su nombre significa “el más brillante” o “el más blanco”.

Baraeco: Dios protector de los poblados y de las ciudades amuralladas.

Cariño: Deidad marina adorada en las costas del norte de Galicía.

Cernunnos: Dios de la sabiduría, de la renovación de las estaciones; su iconografía (se representa como un carnero antropomorfo) puede ser el origen de la imagen medieval del Diablo.

Dibus y Deabus: Dioses gemelos y contrarios; se le invocaba en los casamientos y durante los partos.

Durbed: Genio lujurioso de ríos y lagos.

Endouelico: Espíritu infernal de la noche.

Favonius: Dios de los vientos; cuando un corcel destacaba por su velocidad, se atribuía a este dios su paternidad.

Frouida: Ninfa de torrentes y fuentes termales.

Gerión: Heroe o Semi-dios; primer rey de los tartessos. Combatió con Heracles y enseño a los hombres la ganadería.

Lida: Diosa de la caza; protectora de la vida salvaje.

Lug: Dios del Sol; el que hace aparecer cada día la luz.

Mari: Diosa que se alimenta de las mentiras y falsedades.

Net: Dios de la guerra y protector de los muertos en ella.

Poemana: Diosa protectora del ganado.

Saur: Dios guerrero.Enseño al hombre el uso de los metales.

Sitiouio: Protector del ganado y los senderos.

Tagotis: Rey de los infiernos. Representa los malos augurios y el espanto.

Tameobrigo: Protector de los enfermos y acompañante de difuntos.

Tullonio: Genio protector del hogar y la familia.

Vael: Dios lobo, protector de bosques y montes.

Vagadonnaego: Dios infernal al que se invocaba para que se cumplieran los acuerdos y promesas.

Yaincoa: Dios de las montañas al que se atribuye la creación del mundo

Fuentes:

abcdioses-noneto.com

nueva-acropolis.es

Dioses y ritos en la antigua España escrito por :José Carlos Fernández